Tribuna Libre 24 de julio 2008 en Diario de Valladolid 

 EL MUNDO

       ¿ Por qué llaman arte al absurdo?

 

En una ocasión, hablando de arte con unos amigos me confesaron que habían ido a una exposición de pintura y  se habían salido con la sensación de que lo que habían visto en la galería había sido una absoluta tomadura de pelo. Cuadros con simples fondos de color que decían representar el dolor, la muerte, la naturaleza...conceptos ambiguos en definitiva que ni por asomo mis amigos, aún echándole toda la imaginación posible, lograron ver con la pretendida clarividencia del artista de lo abstracto.

A la sensación de tomadura de pelo, le añadieron el también confesable hecho de que no eran unos entendidos en arte, menos aún de lo abstracto, lo que finalmente se tradujo  en la duda de saber si lo que habían visto realmente era todo un alarde de arte catalogado por expertos en la materia y por tanto ellos eran unos incultos,  o si bien era la pura excentricidad de un mal llamado artística burlándose del personal.

Con idéntica sensación, confieso que me he salido yo de algunas exposiciones e incluso de museos de arte contemporáneo, y tampoco sé bien si el problema es que no entiendo de arte o por el contrario me quieren vender gato por liebre. Seguramente no entienda porque de otro modo no consigo explicarme como algunas cosas ocupan espacio en algunas salas para ser vistas por el público.

No obstante, creo que en esto del arte ocurre como en aquel cuento del traje del emperador. Hay que decir que un cuadro con tiznones y formas caprichosas  es toda una obra de arte porque algunos deciden que lo es y  acatar que, efectivamente, estamos ante una maravilla cuándo, en realidad, es una auténtica birria enmarcada que podría hacerla un niño de cinco años con sólo dejarle pintura.

Pero creo que, aún no entendiendo en cuestiones de arte, hay cosas que se pueden aceptar con cierto margen de duda, mientras que otras, no. Sirva este ejemplo veraz.

Hace unos meses, recibí un correo electrónico con unas fotos desgarradoras de un perro moribundo en una sala de exposiciones que, al parecer, y he aquí lo absurdo, había servido como obra de arte ante miles de personas que visitaron la exposición. Dicho correo, a su vez, me pedía firmar a modo de manifiesto para impedir que el autor de tal hazaña, el artista costarricense Guillermo Vargas, no volviera a repetir su macabra obra de arte en la Bienal Centroamericana cuya edición este año tendría lugar en Honduras. Dicha obra, si es que se le puede poner tan noble calificativo, para este dudoso artista consistió en recoger un perro callejero para exponerlo en una exposición titulada “ Eres lo que lees”,  ( palabras escritas en una pared) y en la que según el propio autor rendía homenaje a alguien llamado Natividad, una persona muerta tras ser atacada por dos perros rottweiler en Nicaragua.

En la instalación, Natividad, nombre que el propio Vargas le puso al perro, fue amarrado a una esquina de la sala dónde sonaba  un audio con el Himno  Sandinista al revés, fotos y un incensario en el cual se quemaron 175 piedras de crack y una onza de marihuana, según contaron los periódicos. Horas más tarde, el perro moría de inanición ante la mirada de cuántos visitaron dicha exposición. 

Poco más cabría añadir para comprender que tales actos en nombre del arte nada tienen que ver con aquello que debe interpretarse como tal, sin embargo, la desfachatez del artista logró ponerse a la altura de su deleznable obra cuándo  en su defensa afirmó que:  lo importante para mí era la hipocresía de la gente: un animal así se convierte en foco de atención cuando lo pongo en un lugar blanco donde la gente va a ver arte pero no cuando está en la calle muerto de hambre. Nadie llegó a liberar al perro ni le dio comida o llamó a la policía. Nadie hizo nada. El perro está más vivo que nunca porque sigue dando qué hablar".

No le niego cierta parte de razón cuándo afirma que ese perro, en la calle, hubiera muerto igualmente tarde o temprano sin que nadie hiciera nada por evitarlo, sin embargo, no es esa la cuestión a debatir sino el hecho de considerar arte a dejar morir a un perro en una sala y que todo el mundo lo vea como si fuera un cuadro macabro colgado de una pared.

Yo le pregunto, lector ¿ Iría usted a ver como muere un animal en nombre del arte?, es más, ¿ Lo considera arte? o bien, le parece lo que a mí, la excentricidad de un  irreverente que busca más la notoriedad que realizarse como un verdadero instrumento del arte, porque, se entienda o no se entienda de arte, hay personas que nacen para ser artistas y enseguida aflora su don creativo para dar forma al arte en sí mismo, de tal forma que con un simple lápiz o una sencilla navaja, son capaces de dibujar algo genial o tallar una singular figura. Otros, en cambio, hastiados de lo convencional, se toman el arte por su mano y en lugar de crear belleza o algo verdaderamente sorprendente, se convierten en trasgresores del propio arte mostrando una perspectiva difícil de comprender y a menudo imposible de aceptar para ciertas sensibilidades.

Un periodista, narrando este suceso para su periódico escribió: “ Durante la exhibición algunas personas pidieron la libertad del perrito, a lo que él artista  rehusó. El nombre del perro era (fue) Natividad, y se le dejó morir de hambre a la vista de todos, como si la muerte de un pobre perro fuera un show mediático desvergonzado en el que nadie hace nada más que aplaudir o mirar desconcertado. Definitivamente somos lo que leímos: puras croquetas. En el lugar [en] que el perro estuvo expuesto sólo queda un cable de metal y una cuerda. El perro estaba sumamente enfermo, renqueaba y no quería comer de todos modos, así que en un entorno natural hubiera muerto de todos modos; pero así son todos los pobres perros: tarde o temprano se mueren o los mueren”.

La realidad, pinten del color que nos lo pinten, todos somos conscientes de que es lo que es, una gama de colores dónde el gris y el negro también están representados, pero puestos a ser realistas con el arte, llego a la conclusión de que  la mejor obra es aquella capaz de sorprender sin herir la sensibilidad de quién la contempla así intente hacernos pensar sobre la vida o la propia muerte. Como dijo Einstein, el arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo. Yo, añadiría algo más: también por el camino del buen gusto. Demasiadas cosas feas existen ya por el mundo para que en nombre del arte se hagan aún más cosas feas y  absurdas, y, como bien dijo  también  Antón Chejov del arte en sí mismo  " Las obras de arte se dividen en dos categorías: las que me gustan y las que no me gustan. No conozco ningún otro criterio”. Personalmente, yo tampoco conozco otro. Así pues,  arte absurdo y deleznable como el descrito en estas líneas y otros que parecen burlarse de nuestro intelecto y sensibilidad, no sé para usted, inteligente lector, pero para mí, lo dicho; No, gracias.

                                   

Pilar Martinez Fernandez.