Tribuna libre de Diario de Valladolid El MUNDO 13 julio 2008

                                   

 España, sin complejos.

 

 

Nunca antes el fútbol había conseguido colarse y hacerse su hueco en mis preferencias deportivas como lo ha hecho este último mes. Recuerdo algo semejante en aquel mundial de Corea en el que, por cierto, fuimos eliminados por una correosa selección coreana de una manera un tanto bananera, si la memoria no me falla. Pero desde entonces, para mí el fútbol no ha sido más que algo bastante soporífero de ver en televisión, la verdad.

Pero ya ven lo que son las cosas. Siendo como soy poco o nada futbolera, mucho menos una devoradora de periódicos deportivos los lunes, he sido una de tantos y tantos españoles que, sin complejos, y  he aquí lo curioso e importante, ha sentido a España en sus venas vibrar en cada partido de fútbol de la selección española en la Eurocopa.

Entiendo que algo extraño me ha ocurrido. Algo que me ha envuelto en una euforía sin precedentes hasta el punto de gritar los goles de la selección como una forofa empedernida.

He pensado en ello durante estos días de fútbol y entusiasmo. Veía a la gente en televisión enarbolando la bandera española, con sus colores en la ropa, pintados en su cara y gritando “ viva España”, “ Podemos” y “ A por ellos” y me llegaba algo que si bien nunca estuvo extinto parecía resurgir como un chorro de aire fresco.

Fue fácilmente reconocible, todo hay que decirlo, tanto que fue inevitable el contagio. Se trataba de una españolidad ilusionada y vigorosa que se manifestaba con absoluta libertad y con orgullo en la televisión y en todos los rincones de España.

Muchas veces he criticado la cultura del fútbol, no lo voy a negar,  pero justo es reconocer las cosas cuándo hay méritos evidentes. Tan bello despertar, ha sido el fútbol quien nos lo ha brindado, así pues justo es  decir: ¡ Bendito fútbol¡ y cuántos deportistas nos devuelven la cordura a los españoles.

Lejos de esa estupidez manifiesta de quienes distorsionan los símbolos y mancillan los colores con sentimientos caducos, España y los españoles por fin han dejado salir ese sentimiento unánime que anida en quienes se sienten orgullos de ser lo que son y de pertenecer al lugar que pertenecen. Por fin nos hemos decidido a pasar por encima de absurdas etiquetas con los símbolos que nos identifican como nación. Ha aflorado la madurez frente a los complejos, y eso, mal que pese, no debe dejarse adormecer de nuevo una vez despierto.

Me produjo cierta indignación en su momento saber que algunos  ciudadanos nacionalistas catalanes y vascos preferían que ganara cualquier selección europea antes que la española la Eurocopa 2008, pero hoy, con tan merecido título de campeones de Europa en nuestro haber después de tantos años de espera, qué quieren que les diga, pena me dan aquellos que no quieren formar parte de aquello que nos hace grandes y competitivos.

Una nación, no es grande por la tierra que abarca, sino por la grandeza de quienes trabajan por y para ella y, España, con su bandera,  con su himno aún sin letra y con sus colores, es de los españoles que la sienten con naturalidad y sin complejos. Por tanto, no es casual pues que todos hayamos vibrado con nuestra selección en esta Eurocopa y enarbolado banderas en balcones y plazas a lo largo y ancho de España. Tampoco es casual que en anteriores ocasiones, igualmente nos hayamos alegrado con otros triunfos de deportistas españoles. Es simplemente sangre española  fluyendo por las venas, unas venas que reconocen el RH y el grupo al que pertenecen. En definitiva, una sangre que por ser la misma, nos convierte en hermanos.

Así pues, y mal que les siga pareciendo a quienes se empeñan en poner etiquetas o barrer para su casa, España tiene sangre y venas a raudales por dónde fluir con ímpetu e ilusión.

Mal que perdamos o ganemos en lo sucesivo en el deporte( a la vuelta tenemos las olimpiadas), mal que tengamos crisis y muchos problemas por resolver en esta  España nuestra, este brote natural, espontáneo y necesario de orgullo patrio  puede y debe seguir anidando en los españoles.

Podemos, claro que podemos. Lo hemos demostrado con el fútbol, con el baloncesto, con el ciclismo, el automovilismo, el motociclismo...

España, puede y lo debe hacer como lo ha hecho en esta ocasión: sin complejos, mal que pese.

                                       

  Pilar Martinez Fernandez.