Articulo publicado en Diario de Valladolid EL MUNDO tribuna Libre 12 de junio 2008.

Ilustración de Jose María Nieto para Diario de Valladolid EL MUNDO          

                

 Una huelga que habrá que soportar  

 

Corren vientos de huelga, más bien un vendaval, y como todo vendaval que se anuncia, viene con pretensiones de causar daños, mínimos o importantes, pero daños  al fin y al cabo que habrá que soportar.

Lo cierto es que, a mí en particular, no me gustan nada las huelgas, ni hacerlas ni padecerlas porque al final, siempre resultan ser reversibles como algunas prendas. Primero una cara, la reivindicativa y cañera y luego la otra, la que causa más importunidades que logros y dónde empiezan el personal a recular porque cada cual en su casa tiene sus propios trapos que lavar y remendar.

Sospecho que esta huelga de transportistas y pesqueros, y a saber si no se agregará algún sector más afectado por ese subidón de los carburantes,  no va a ser diferente si la cosa viene con pretensiones de ser larga. La diferencia que a mí me preocupa de esta huelga con respecto a otras que igualmente nos ha tocado soportar, es que este parón de camioneros y pescadores, si nuestro gobierno no se pone a trabajar raudo y veloz con un plan de choque, va a provocar también parón en otros sectores y en nuestra vida cotidiana. Y no hablamos sólo de cuestiones alimentarias y de despensa o combustible para nuestros vehículos,  sino también cuestiones de índole  industrial y comercial.

Los camiones que circulan por la red de carreteras españolas, lo mismo transportan huevos de gallina que rollos de cable eléctrico, coches o aceite de oliva, por citar ejemplos, y todo bajo una logística de transporte que garantiza la distribución allí dónde se ha pedido o se precisa, por tanto no hablamos sólo de desabastecimiento de alimentos en supermercados y tiendas, sino de un desabastecimiento de género en general cuyo abanico abarca empresas e incluso industrias, mucho más serio en mi opinión que el hecho de que no podamos comer fruta o verduras durante una semana o lo que dure el órdago de la huelga.

Desde luego, los primero bríos de huelga, siempre son valientes. Leía en este mismo periódico unas declaraciones del presidente de la Plataforma Nacional de Transporte por Carretera en las que decía que “ el gobierno sólo va a escuchar cuando le llegue el agua al cuello. Pero estamos preparados para todo y moriremos con las botas puestas”.

Tanta determinación provoca cuándo menos zozobra ante el futuro más inmediato, pero lo cierto es que a nuestro gobierno le llegan estos lodos después de ver llover parapetado en las elecciones y tarde o temprano, el parapeto ha terminado por caerse amenazando con llevarnos por delante a todos.

Pero lo dicho, el seguimiento de esta huelga a fecha de hoy se presenta muy cañero, hasta el final, a por todas, como quién dice, pero conforme pasen los días, ya se irá viendo como se han de suceder las cosas, porque las grandes empresas de transporte logístico es de prever que tienen las espaldas más o menos cubiertas para soportar este parón indefinido, pero ¿ Y los transportistas autónomos?, ¿ Cuánto tiempo podrá aguantar ese camionero que aún debe pagar su camión y trabaja por cuenta propia?. No mucho, me temo porque, efectivamente, mucho tiempo parado y sin portes que transportar y cobrar, es su ruina aunque tenga una razón muy poderosa para parar el motor de su camión.

Es de esperar, por tanto, que el gobierno escuche y  tome las medidas oportunas con unos sectores que pese a los trastornos que nos van a causar a todos, tienen derecho a declararse en huelga y pedir un precio en el combustible más razonable.

No hablamos de una pataleta sectorial, hablamos de todo un efecto dominó que puede hacerse insostenible para muchas economías de seguir esa progresión en la subida de los carburantes y su gravamen en los transportes y en los barcos de pesca y como efecto último en los precios de los productos.

No obstante, no estaría de más que viendo las orejas al lobo, fuéramos buscando alternativas a un carburante que pagamos caro porque dependemos demasiado de él.

Quizá es tiempo de dar forma a nuevas  fuentes que muevan nuestros motores sin provocar, eso sí, hambrunas y otros desastres.

Hoy, ya lo vemos: paran los camiones y España, también se para. Lo que cabe esperar y en ello confío, que no sea por demasiado tiempo.

 

                              Pilar Martínez Fernandez.