Publicado en Diario de Valladolid El MUNDO

Tribuna libre 14 de Mayo 2008.

         Valladolid, Mayo de 1908

 

La imaginación, a menudo es ese paraíso capaz de transportarnos, cuán máquina del tiempo, a un marco alejado de nuestra realidad y de nuestra época.

No pocos hemos hecho el intento de imaginar cómo podía ser un año cualquiera, o un día sin más, en el Valladolid de1900, pero pese a esos intentos, confieso que nunca he ido más allá de imaginarme calles empedradas de un Valladolid antiguo con damas encorsetadas en vestidos con polisón y caballeros con sombrero y trajes pincelados. Me faltó empaparme de ese sentir que palpitaba en aquellos que vivieron hace cien años, un latido necesario, por otro lado, para entender ese acontecer de aquel Valladolid emergente y vivo pero también precario.

Afortunadamente, quiso nuestro Excelentísimo Ayuntamiento, en el 100 cumpleaños de su Casa Consistorial, que nuestra imaginación tuviera un mejor encuadre de aquellos días y empleó toda una maquinaria del tiempo para convertir a Valladolid en un día de Mayo de 1908. Un día primaveral y festivo dónde los vallisoletanos de aquellos días salieron a la calle para recibir a su rey, Alfonso XIII, que los visitaba para inaugurar oficialmente su Ayuntamiento.

Nunca Valladolid, a caballo entre 2008 y 1908, lució tan variopinto y singular en Mayo como lo hizo el pasado 11 de Mayo. Los contrastes revelaban lo que cien años pueden dar de sí en la sociedad de una ciudad cualquiera.

Entre las muchas caracterizaciones que pudieron verse en la calle, personalmente hubo una que me llamó especialmente la atención.

Plaza Mayor, esquina con la calle Santiago. Dos damas de la alta sociedad, esposas de diputados políticos, se enfrascan en una discusión con varias mujeres de mala vida.

-         ¿ Qué hacéis vosotras aquí a estas horas del día?. Por aquí pasean familias, gentes respetables. Este no es vuestro sitio, ¡ Desvergonzadas¡, increpan indignadas a las prostitutas.

-         La calle es de todos, señoras, y estamos aquí porque hemos venido a ver al Rey, se defienden las prostitutas con desparpajo y contoneándose provocativamente.

Los aspavientos de las damas, descompuestas por las extravagantes prostitutas, buscan la complicidad de quienes pasean por el mismo lugar, pero en su desmesura se topan con un joven proletario que no sólo defiende la presencia de las prostitutas sino que intenta poner a tan altas damas en evidencia.

-         Y sus maridos, ¿ Dónde están, señoras?. No veo que las acompañen, quién sabe si..., les dice insinuante.

-         Nuestros maridos son políticos y están trabajando. Como la gente decente. No cómo tú, vago que estás aquí paseándote. O como esas..., replican altaneras a la vez que miran con desprecio a las prostitutas.

-         ¿ Políticos, dicen ustedes?. ¿ Decentes?. Ya. Pues que sepan que yo trabajo más de doce horas, señoras, y hoy me han dado el día libre porque viene el Rey que sino, aquí íba a estar..., dice ufano.

El rifi rafe entre las damas y el proletario continua hasta que llega un charlatán que cómplice nos dice a cuántos presenciamos la escena:

-         Algunas cosas, no han cambiado tanto, ¿ verdad?. Excepto mi crecepelo. Mi milagroso crecepelo que da vigorosidad al cabello y evita que se le caiga, oiga.

Aquel giro en esa escenificación espontánea,  resultó divertido pero también un claro indicador de que, cada cuál en aquellos días de Mayo de 1908, vivía como la vida le daba a entender y le dejaban. Unos anquilosados en sus privilegios y por tanto enajenados de la realidad que a muchos les aquejaba, y otros soportando las injusticias y los prejuicios pero intentando ganarse la vida.

Hemos avanzado desde luego pero, excepto en lo del crecepelo que hoy nos lo venden en la teletienda, el charlatán tenía razón. Algunas cosas, en su esencia, no han cambiado tanto. Seguimos cayendo en la banalidad de la apariencia y no pocos se ocultan bajo el palio de la hipocresía, pero en fín, ese es otro tema.

En Mayo de 1908, la sociedad era lo que era y ha sido estupendo sentir su resurrección por un tiempo en las calles del Valladolid de 2008. Una idea original por la que es de justicia felicitar a nuestro equipo de gobierno municipal. No sería mala cosa repetirlo en años sucesivos como una bonita costumbre cada Mayo por San Pedro Regalado. Conocer lo que fuimos, es el mejor modo tal vez de ser conscientes de lo que somos y evitar lo que no debemos ser: una sociedad decadente.

 

                       Pilar Martínez Fernández.