Articulo publicdo en Diario de Valladolid EL MUNDO miercoles 13 de febrero 2008
Ayudas como peces
Empieza a ser preocupante la postura que adopta nuestra clase política para arañar nuestro voto. Como quién entra en el juego de” a ver quién da más”, nos tiran caramelos para camelarnos y tenernos entretenidos mientras quitamos el envoltorio y nos los metemos en la boca.
Pareciera que nos toman por ignorantes, aunque, quién sabe si no lo seremos a última hora y nos traten como merecemos al no ser capaces de distinguir entre sensatez y engaño.
Poco se piensa en el problema que esas dulces ayudas de los últimos meses, puede traer después cuándo, pasados estos “ generosos tiempos”, no nos den caramelos y queramos seguir viviendo tan “ dulcemente”. Porque, ese es el riesgo que corremos realmente, que nos acostumbremos a recibir por “ lo social” cuanto creemos precisar y, cuando la política social, sea menos social y no se repartan caramelos, nos llegue la amargura.
Lo cierto es que, a nadie le amarga un dulce, desde luego, pero no sólo de dulces se basa una equilibrada dieta, como tampoco se puede esperar que te lo sirvan siempre todo en bandeja. En estos últimos meses, la batería de ayudas que han salido a la luz, ha sido para muchos toda una apuesta decidida a la hora de solventar las apreturas y necesidades de ciertos sectores ciudadanos. No dudo que lo haya sido para quienes han salido beneficiados con esas ayudas, pero ese alarde inyectable puede servir de muy poco si no viene acompañado de ciertas garantías para el futuro.
En cada ocasión que se han hecho públicas las diferentes propuestas de nuestros lideres políticos en forma de ayudas, rebajas de impuestos o ese último “ regalo” de 400 euros en el IRPF, me ha venido a la mente aquel pensamiento revelador que decía: “ Da a un hombre un pez y comerá ese día, enseñale a pescar y comerá siempre”. Al hacerlo, pensaba en la capacidad que toda sociedad debe tener para mantenerse y a su vez proporcionarse su propio sostenimiento.
Confundidos por la inmediatez, muchos ciudadanos ven en esas figuradas ayudas con forma de pez que ofrecen nuestros políticos, la solución a sus vicisitudes personales y económicas. A su vez, todo el aparato político, sabedor de la realidad social y preocupado también por la inmediatez y sus efectos, proporciona ayudas como peces porque entiende que es lo que mejor puede comprar simpatías de cara a las urnas. Por eso, no es extraño que el saco de las promesas electorales se asemeje a una chistera mágica sin fondo con peces de colores saliendo a golpe de chasquido. Un pez para ese joven que quiere formar la república independiente de su casa; otro pez para esos contribuyentes que sudan tinta con sus impuestos, otro pez por traer un pequeño ciudadano al mundo, otro pez más para ese pensionista que tanto ha visto flaquear su poder adquisitivo, y a saber cuántos peces más pueden salir aún.
Lo que no nos paramos a pensar, o no con la suficiente vehemencia, es que acabada la función de magia, la chistera no es más que un sombrero. El fondo, como todos los fondos; limitado. Y, los peces, si se quieren coger, al final tocará tirar de caña y pescarlos. Esa y no otra será la más inmediata realidad.
Por eso, la conclusión es simple: la solución a muchos de esos aspectos que aprietan y afectan a los ciudadanos, no está en dar ayudas como peces. Tal vez en un principio sirva de empujón, y bien está que así sea, pero el futuro lineal y continuo necesita algo más que empujones. Necesita estabilidad, certidumbres, pero sobre todo buena gestión de los recursos.
Si aplicamos la metáfora, una ayuda solventa la necesidad de hoy pero no la de mañana a menos que se piense que siempre el Estado debe solventar nuestras necesidades de alguna manera. Si se llega a esta conclusión equivocada, es principalmente por falta de sentido práctico, de aspiraciones y por una desmesurada comodidad y vagancia, algo que no es únicamente culpa del individuo sino también de un sistema que no supo o no quiso enseñarle a procurarse su propio sostenimiento. Mal, si no supieron enseñarle, riesgo que corremos hoy, pero peor aún que no quisieran enseñarle, otro riesgo que, igualmente, corremos hoy si no espabilamos y nos dejamos embaucar.
El Estado, mejor dicho, un buen Estado tiene que saber conjugar todos los elementos de los que dispone. Comenzando por la educación de sus individuos enseñándoles a pescar para ser capaces de autoabastecerse y a su vez generar riqueza para que la rueda de la economía siga moviéndose, y terminando por hacer una gestión de los recursos (que no peces de colores) que garantice estabilidad económica y laboral en el país. Todo lo demás, todos esos golpes de chistera, aunque a muchos les agrade el truco, no dejan de ser ilusiones de hoy para engañar el hambre del insensato y del cómodo. Por muy bien que sienten 2.500 euros cuándo nace un retoño, por muy bien que resulte mi declaración de la renta con 400 euros de rebaja o pagando menos impuestos, por muy bien que les siente a los jóvenes esas ayudas de alquiler, serán pan para hoy y hambre para mañana, si para el futuro más inmediato no se ha pensado en hacer muy mejorable la conciliación laboral y familiar, si no se ha pensando en una mejora en los contratos laborales de nuestros jóvenes, con más estabilidad y mejor remunerados o si no se generan más puestos de trabajo y el paro no disminuye, aspectos que realmente mueven a la sociedad y la motivan.
No votemos pues bajo esos criterios que tanto camuflan la realidad. Vayamos más allá de ese pez que nos dan para tenernos contentos en el presente. Busquemos o, en cualquier caso, exijamos propuestas que nos permitan pescar cuántos peces precisamos para mantener nuestro bienestar y el de la nación.
Un poco de sensatez por nuestra parte y por la de nuestros lideres. Basta de peces de colores a los que al final, solo han de quedarles las espinas.
Pilar Martinez Fernandez.