Articulo publicado en Diario de Valladolid El MUNDO
Tribuna Libre 9 de Mayo 2008
Todo está en los libros
Hace años, en programa de televisión que no recuerdo, solía canturrearse una cancioncilla que decía “ Todo está en los libros”. Ya por aquel entonces, pensé que a pesar de ser un simplón estribillo no decía ninguna mentira. Mi experiencia con los libros ya empezaba a ser tan grata como didáctica, algo que en mi caso fue un descubrimiento personal gracias a esas lecturas obligadas de mi profesora de literatura y al servicio de préstamo de libros que existía en mi colegio. Luego, el Ayuntamiento de mi ciudad, contribuiría también a mi particular implicación con la lectura con sus casetas biblioteca en los barrios durante el verano. A mí me tocaba ir a una plaza algo alejada de mi casa para coger las aventuras de Los Hollister , los comics de Esther, las joyas femeninas como Sissi emperatriz o Mujercitas, sin embargo, no había distancia que recorriera con más ganas porque de vuelta me traía casi siempre dos o tres cosillas para leer con avidez. Quizá por eso, nunca supe lo que era realmente el aburrimiento, como tampoco nunca comprendí porqué a mis amigas no les gustaba leer. En los libros yo encontraba siempre tiempo que llenar e historias que me entusiasmaban. Leer siempre fue un refugio para mí y leyendo, efectivamente, lo encontraba todo.
Hoy, me reafirmo en ese fervor por los libros, pero sigo sin comprender a los no lectores. Quizá sea un empecinamiento por mi parte pero no alcanzo a entender esa falta de interés por los libros y cuánto bueno nos ofrecen.
La mujer que me vende todos los días el periódico, a pesar de estar rodeada de revistas y libros de colecciones, me confesaba no hace mucho que no le gustaba leer. La razón de su desdén: ninguna. Le aburría leer, simplemente. Igual que le resultaba a ratos aburrido su trabajo. Me resultó inverosímil aunque supongo que igual de contradictorio que ser pastelero y no ser goloso; pura paradoja. No le dije nada ni traté de convencerla de las ventajas de la lectura, me limité a dejarla con su particular desinterés, pero pensando, no en ella sino en los “ no lectores” en general, recordé una recurrente frase que leí en un cartel de una biblioteca y que estaba escrita de una forma un tanto curiosa. Decía textualmente: “ El asno, no precisa leer porque solo rebvzna, e tampoco la cotorra conoce libro algvno que son cortos svs ripios e siempre los mesmos. No demos libros a qvadrupédos, que estarán contentos en svs qvadras dando coces, ni tampoco a aves prensoras pves disfrutan en svs javlas haciendo reir a qvienes las escuchan, e viendo vn libro lo confvnden con “ afrecho” qve es bven provecho para svs tripas”.
Que me perdonen esos “ no lectores” en los que pensé y pienso ahora al escribir estas líneas, no es mi intención llamarles asnos ni cotorras por el mero hecho de no leer, pero algo de cierto hay, mal que parezca, en este ripio antiguo cuyo autor desconozco. Aquellos que nada leen, suelen repetir lo que oyen, “ no” suelen decir lo que piensan y “ no” suelen pensar lo que dicen. Podrá parecer insultante pero es una máxima que se da y se percibe en quienes se enajenan de la lectura y su personal comprensión. Se nota en sus opiniones, generalmente pensamientos únicos y comunes no sometidos a criterio personal sino a la propia inercia de la masa. Y se nota también en el modo de expresarse, generalmente lleno de prejuicios y tópicos, sin embargo, tiene una explicación lógica. Demasiado lógica, diría yo. Actúan así porque se han quedado con la estopa en el proceso de trillado de un determinado concepto o criterio, mientras otros se han quedado con el tejido. Y es que, aunque parezcan cosas diferentes, un criterio o la síntesis de un concepto a partir de una lectura, tiene un proceso que se asemeja al de una comida. Aquello que comemos por nosotros mismos, siempre nos aporta algo, una sustancia. A nadie se le ocurriría tragarse el filete que ha masticado otro porque a parte de ser algo un tanto repugnante no obtendríamos sustancia. Con un libro o una lectura, ocurre tres partes de lo mismo. En lo que tú lees encuentras esencia, nutrientes, en lo que lee otro, no, a lo sumo su síntesis, equivocada o acertada, pero la suya.
Una vez más, la cuestión o la diferencia está en la capacidad de elegir. Se puede elegir, en el caso de una comida, entre un buen filete que llevarse a la tripa o el alpiste facilón que alguien siempre puede ponernos en nuestro comedero, o en el caso de una buena lectura, entre un libro o articulo que alimente nuestro intelecto o papel mojado que ha leído otro. Evidentemente, los resultados habrán de ser bien dispares y enriquecedores.
Lo que no hay duda es que, prácticamente todo se puede encontrar en los libros y en una buena lectura. Ese estribillo que canturreaba aquello de “Todo está en los libros”, sigue siendo actual y cierto, pero igual que antaño, hay quienes aún hoy se niegan a encontrar en ellos cuánta sustancia puede nutrirles y enriquecerles culturalmente hablando.
Cuando le preguntaron a Mario Benedetti que era lo que envidiaba de la juventud o más bien de las generaciones actuales, lo tenía claro: más accesibilidad a los libros.
Pues ya ven, ni por esas. Todavía hay quienes de los libros y de la lectura, no hace aprecio. Lo malo y aunque no guste, es que por su alpiste y metidos en sus jaulas se les reconocerá, desde luego. Pero quién sabe si, a lo mejor, algún día ven en un libro ese “ todo” y no sólo “ afrecho”.
Pilar Martinez Fernandez.