Grandes proyectos con el tiempo arrinconados...
Alguien cercano a mí y que ama esta tierra como a nadie he visto amar jamás pues, su amor, nace de ese vínculo estrecho y profundo que une a la tierra con aquello que brota de ella, al tener noticias de ese gran Plan Regional Valle del Duero que proyecta la Junta de Castilla y León para convertir el Duero en todo un paradigma del desarrollo sostenible en torno a sus 572 kilómetros ribereños en territorio castellano leonés, una contenida ilusión brotó espontánea de su conciencia castellano leonesa al tiempo que una sombra de duda apareció en su ánimo. Su memoria, mucho más su conciencia regional, guarda no pocas vagas ilusiones. La observación de lo acontecido en esta tierra, le ha llevado a la desilusión muchas veces. Proyectos, revitalizaciones e impulsos que luego quedaron mermados, arrinconados y cubiertos por el polvo de aquello que pudo ser y no fue, o pero aún, aquello que fue y se dejó morir.
Me confesaba, a pesar de la sombra de duda, su necesidad de creer en los grandes proyectos porque Castilla y León, efectivamente, lo necesitaba. Realmente, mil millones pueden convertir al Duero en protagonista de todo un proyecto de desarrollo regional.
“ Las cúpulas del Duero” se habrá de llamar si culmina el gran proyecto, pero esas cúpulas y cuánto habrán de albergar ¿ Se sostendrán en el tiempo?, fue su gran pregunta lanzada al horizonte del propio tiempo y sus vaguedades. Una pregunta que recojo y planteo en esta líneas.
Ciertamente, tan importante es desarrollar nuevos impulsos como procurar mantener lo que ya se tiene, cosas que si bien deberían ir unidas a la hora de trabajar por los valores de una tierra no deberían por otro lado diferenciarse a la hora de darles la importancia y el tratamiento que merecen. Pero aquí, como en muchas otras partes, proyectar es lo primero, mantener en el tiempo, es otra cuestión y como bien suele decirse, ya se verá.
A la mente me viene a modo de ejemplo comparativo El Canal de Castilla para crear un cierto paralelismo, ya que hablamos de desarrollo sostenible con ese nuevo plan regional en torno al Duero.
En su día, allá por el siglo XVIII, la gran obra de ingeniería hidráulica de El Canal de Castilla, fue un impulso de la “Ilustración” de aquel tiempo, un proyecto que nació con la ilusión y el propósito de unir la meseta castellana con el mar a través de un canal fluvial artificial y navegable, para más loable empresa, y así hacer posible que mercaderías y personas llegasen hasta puerto de mar salvando algo más de doscientos kilómetros de recorrido. Fue quizá la primera gran apuesta por un modelo de desarrollo sostenible a través de la utilización del agua canalizada y en combinación con los recursos y necesidades de la tierra que bañaba. Pero la empresa y cuánto prometía, se frustró con la llegada del ferrocarril, quedando la obra inconclusa y su fin truncado por el avance de los propios tiempos. Hoy, este viejo canal aparece como todo un referente turístico. Algo ciertamente nos quedó de aquellos anhelos de la Ilustración, pero también no pocos lodos, pues aunque las guías turísticas nos invitan seguir los caminos de sirga ricos en su biodiversidad medioambiental que serpentean junto al Canal de Castilla, ( en algunos tramos es así y gozan de especial atención), no todos esos caminos ribereños consiguen ilusionar al caminante. A ratos se hacen intransitables porque su agreste vegetación les hace parecer olvidados. En realidad, lo están. Esos caminos de sirga y el propio Canal, se mantienen en constante expectativa entre su espesura y desidia a la espera de que alguna decidida partida presupuestaria ponga fin al deterioro y al olvido, algo que, mire como se mire, no deja de ser una auténtica calamidad por nuestra parte y toda una contradicción que, en nombre del agua, soñemos con levantar cúpulas, mientras por otro lado dejamos fluir arrinconado el proyecto que con menos medios, levantaron nuestros antepasados.
La sombra de duda ante los anhelos de nuestra contemporánea “ Ilustración Castellano leonesa” en torno al Duero y cuánto baña, es cuándo menos razonable aunque conviene no dejarse vencer por ella. Entiendo que mil millones de euros para levantar cinco cúpulas emblemáticas en lugares estratégicos de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca, haciendo cumplida referencia a cinco valores en alza en nuestra comunidad como la energía, el patrimonio, el vino, la tecnología y el agua, respectivamente, es buena cosa y nos debe ilusionar pues, El Duero, ha sido un río de vida y debe seguir siéndolo para Castilla y León, pero esa ilusión debe ir más allá o nos ha de durar muy poco la ilusión y sus efectos. De nada nos sirve anhelar y proyectar “ castillos” para cohesionar al hombre con la tierra dónde vive con sus valores y recursos si no garantizamos su continuidad en el tiempo sin caer en lo banal del olvido o en el peor de los casos, en el desinterés de quienes no hicieron suyo el proyecto porque no fue “ su idea”.Acostumbran ciertos proyectos a serlo mientras “ los ilustrados” que los idean tienen el bastón de gobierno, pero un cambio en siguientes legislaturas puede derivarlos, modificarlos o paralizarlos en pro de otras ideas sostenibles por otros criterios.
Al Duero y esa apuesta de cohesión que tanto horizonte parece querer abrir en Castilla y León, puede no pararle en esta ocasión la llegada del ferrocarril como al Canal de Castilla en su momento, pero sí podemos pararle nosotros mismos con nuestra falta de anexión para las grandes cosas y poco compromiso de continuidad, aspectos que, no sólo cabe reprochar llegado el caso a nuestros políticos, sino también a cada castellano leonés y su conciencia. Todo parece darnos igual, tanto lo que se hace como lo que no se hace, y más aún, pareciera que todo aquello que se ha de hacer en esta tierra, sea para captar el interés de los de fuera. Pienso que no deberían ser así las cosas, ni por conciencia ni en aras de nuestra prosperidad, así vengan heredadas del pasado o sean del presente y sirvan para el futuro, se capté o no se capté el interés de los de fuera, porque lo que se forja en Castilla y León, debería comenzar por captarnos a los castellano leoneses en primer lugar para luego defenderlo ante los demás. Sólo así se mantiene la ilusión y se obtiene el empuje necesario para que un proyecto continúe en el futuro. Y, cabe esperarlo de nuestra clase política a quién le corresponde continuar lo que otros empiezan, pero cabe esperarlo también de quienes poblamos esta comunidad y de quienes decimos quererla.
Castilla y León, tiene demasiadas cúpulas en ruinas, demasiados lugares emblemáticos arrinconados. Si hemos de levantar más cúpulas, si hemos de idear grandes proyectos para un futuro próspero, hagámoslo con compromiso y conciencia, pero sobre todo con continuidad y en beneficio de nosotros mismos.
No más monumentos emblemáticos para decorar el presente. Sí, por el contrario, proyectos de presente con un futuro continuo y próspero para Castilla y León, la tierra que nos corresponde amar y velar si comprendemos de una vez lo que nos conviene.
Pilar Martínez Fernandez.