Publicado en Diario de Valladolid EL MUNDO
Lunes 7 de Abril de 2008
Encuestas ¿Útiles o inútiles?
“ Buenos días. Me llamo Susana. Estamos realizando un estudio desde la gerencia de Sanidad para comprobar el grado de satisfacción que tienen los ciudadanos con el sistema sanitario público. ¿ Le importaría concederme unos minutos para contestar unas preguntas?.”
Con esta entradilla, hace unos días consiguieron arrancarme cinco minutos de mi tiempo para contestar un cuestionario por teléfono. Al principio, no me mostré muy dispuesta. Lo reconozco. Cada vez que oigo la voz de un operador al otro lado del teléfono, enseguida se me activan las alertas para no dejarme embaucar por esas ofertas de telefonía con megas como churros para líneas adsl y llamadas gratis por un módico precio al mes ni para aceptar esos regalos y reclamos comerciales que siempre me tocan a saber con qué criterios. Es puro mecanismo de defensa ante una estrategia comercial cada vez más agresiva, por cierto.
Pero esta operadora en cuestión que me llamó a las dos de la tarde para realizar una encuesta, no perseveró ni intentó convencerme para que le otorgara atención ante mi escasa predisposición en ese momento, algo inusual porque sé y me consta que a los operadores se les exige desde arriba que agoten todos los cartuchos de persuasión con quienes consiguen establecer comunicación. Y, los agotan, dicho sea de paso. Casi en la misma proporción que la paciencia de sus interlocutores, convirtiéndose en muchas ocasiones en el saco de los más destemplados humores ciudadanos.
Susana, la operadora desconocida de la gerencia de sanidad, credenciales que, por cierto, me creí aunque imaginé que me llamaba desde alguna sala telemática junto a otras tantas operadoras como ella, consiguió no obstante captar mi atención, y lo hizo precisamente porque no me sentí obligada. No venía ni con intención de venderme nada ni de convencerme. Sólo hacerme unas preguntas sobre una cuestión que realmente merecía un poco de atención y mi modesta valoración.
Así pues, durante cinco minutos, me sometí a una encuesta que resultó ser más interesante de lo que creí en un principio. Contesté a unas quince preguntas valorando del 1 al 10 nuestro sistema sanitario en todos y cada uno de sus aspectos, desde la atención en los centros de salud pasando por las listas de espera para intervenciones quirúrgicas hasta mi valoración en líneas generales y de forma global del sistema sanitario español. Esta fue la última pregunta del cuestionario a la que debía contestar con el calificativo de bueno, mejorable o malo. Contesté con la calificación de “ mejorable”. Lo que opinaba y opino sin ambages en este sentido pero, no obstante, no fue esa valoración ni las preguntas que contesté lo que me llevó a analizar la experiencia y a hacer un punto de inflexión sobre ella. Cuándo colgué el teléfono, a pesar de haber terminado bien aquella conversación con Susana y de darme las gracias por la colaboración, otra batería de preguntas me vino en ese momento a la mente. Pensé:
¿ Servirán para algo mis respuestas?. Mi opinión, aunque no relevante, ¿ Será la misma o similar a la de mucha gente? Y, si lo es, ¿ Se tendrá en consideración?, ¿ Servirá para mejorar lo “ mejorable”? O, simplemente ¿ Se trata de hacer una mera encuesta de cara a la galería para parecer que se hace algo por mejorar?.
Contestar a unas preguntas sobre algo que nos afecta y nos importa, puede llevarnos apenas cinco minutos y pueden ser cinco minutos bien empleados si sirven para un fin constructivo, pero si mis respuestas de ese día y como las mías la de otras tantas personas, sólo han de quedarse en meros datos que llenen gráficos y ahí nos las den todas, es cuándo menos una pérdida absoluta de tiempo, de recursos y de voluntades.
Lo pensé tras vaciar mi particular cargador de opinión tras ese cuestionario telefónico y lo pienso ahora. Malo es que se utilice la voluntad ciudadana en vano o que se abuse de ciertas estrategias para trabajar de cara a ese escaparate que quiere enseñarse a la opinión pública en lugar de utilizar esa voluntad para algo tan loable como es mejorar el bienestar ciudadano, porque al final, tanto si se hace algo como si no se hace, se termina notando de alguna manera. Con este tipo de encuestas telefónicas desde gerencias y departamentos acreditados sobre el sistema sanitario, el sistema educativo o sobre la madre del cordero que nos da la leche y el queso que nos llevamos a la boca, puede ocurrir que de no aportar nada más que datos para gráficos en lugar de aspectos dónde incidir y trabajar mejor, nos cansemos igualmente los ciudadanos de conceder cinco minutos a tales cuestionarios y encuestas y cada vez que nos llame un operador, hagamos lo mismo que con los operadores de telefonía móvil y comerciales de ventas por teléfono; decir que no nos interesa contestar a nada ni perder el tiempo y que se olviden de nuestro número de teléfono. Y, es que, la voluntad como la paciencia de los españoles, puede ser grande, pero se ha de quedar muy pequeña si, del uso se hace un abuso y un engañabobos. Nadie espera que su opinión cambie el mundo, pero si nos la piden y encima nos lleva tiempo, qué menos que sirva para algo más que simples palotes de colores en un gráfico ¿ No les parece?.
De momento, por contestar algunas preguntas, nada se pierde. Si alguien, al descolgar su teléfono le pregunta su opinión sobre una determinada cuestión y entiende que puede aportar su granito de arena en cinco minutos, hágalo si le apetece. Todo sea por mejorar “ lo mejorable”. Eso sí, los resultados y sus efectos serán, como se suele decir, otro cantar. Pero lo dicho, que se noten.
Pilar Martínez Fernández